viernes, 20 de noviembre de 2015

Aunque parezca un cuento de terror...

Sí queridos lectores, aunque parezca un cuento de terror la Rabia no es un sentimiento.

La clave de los sentimientos es que deben girar todos de forma equilibrada y sinérgica al rededor de la mente, algo así como el sistema solar. Pero cuando uno de esos sentimientos se sale de su órbita, debido a un agujero negro denominado rabia y que en términos jurídicos lo denominaría una nulidad absoluta en el proceso procesal, esa nulidad absorbe todo, llamamiento en garantía, sentencia, indemnización, todo lo absorbe, La rabia es un chupa sentimientos, un vicio, una trasgresión, un error, un dolo, un homicida en potencia, una falla científica y espacial, una incomprensión de la ciencia. En fin, una maldita que jode y hace que los ya  muy mal trechos buenos sentimientos de los seres humanos desaparezcan; por eso recomiendo que pongan una escoba detrás de su puerta, para que la muy hija de la Madre Laura no entre a su morada , ni a su vida, ni mucho menos en su Caja de Pandora (o que entre pero se quede muy poquito).

https://www.youtube.com/watch?v=ZvazuyF6eXw

viernes, 10 de julio de 2015

Nunca invisibles.

Hoy en la mañana; en un juzgado mientras radicaba unos documentos, llegó un señor de más o menos unos 80 años, llevaba un morral y un bastón muy improvisado que le permitía caminar mejor, su aspecto era lamentable, sucio, maltrecho, abandonado y no más tuve que observar los documentos que llevaba para darme cuenta que era una de las 7 millones de víctimas de ésta guerra irrisoria. Al momento de llegar, la persona encargada de atender al público inmediatamente lanzó una mirada de rechazo, como diciendo para sí mismo: “otra vez este tipo viene a molestar” el señor no era tonto y se dio cuenta de ello; así que él tampoco tuvo la mejor disposición. Después de una interacción entre el funcionario y el hombre, en donde de mala gana y con preguntas poco comprensibles y muy técnicas, como si el anciano supiera las cosas básicas del Derecho, pude concluir que él debía radicar un incidente de desacato para que la Unidad de Víctimas le fijara una fecha exacta para recibir una indemnización.

Cuando menos me di cuenta el hombre dejó su bastón improvisado en el piso y acurrucado allí, abrió su morral, sacó una carpeta llena de papeles; entre ellos derechos de petición, respuestas quizás a esos derechos de petición, recortes de periódico, fotos, entre otros; todos acumulados y sin ningún tipo de orden… desde ese momento no dejé de observarlo y mil cosas se me pasaban por la cabeza; ¿Qué está buscando? ¡Tengo que ayudarlo! ¿Y si le ayudo y se moleta? ¿Y si mejor me voy porque estoy a punto de llorar? No me pueden ver llorar ¿Por qué este señor está acá? No debería estar acá, ¿Por qué nadie hace nada? ¿Por qué la vida ha sido tan injusta con él? ¿Por qué los autores mediatos de las desgracias este hombre también pretenden ser víctimas?  ¿Algún funcionario del juzgado pensará ayudarlo? ¿Acaso los funcionarios públicos no deberían hacerlo? ¿Acaso ellos no están para eso, para ayudarnos? Empecé a sentirme muy frustrada porque no sabía qué hacer ni cómo contribuir. Después de mucho buscar, el señor sacó una hoja de papel blanca, ahí me di cuenta que iba a redactar el incidente de desacato, sí era muy obvio, pero como dije anteriormente, mil cosas se me pasaban por la cabeza (aún ahora escribiendo esto, mil cosas se me pasan por la cabeza), luego de encontrar la hoja blanca, me pidió mi lapicero prestado, yo se lo di como quien intenta salvarle la vida a alguien, me acerque e intenté ayudarle a redactar el documento, pero ahí irrumpió de nuevo el funcionario y en un tono casi de regaño le dio un lapicero para que el hombre me devolviera el mío, lo tomé y salí del despacho.

Voy a intentar encontrar durante lo que queda de este escrito, la forma de expresar lo que sentí apenas cerré la puerta, fueron muchos sentimientos, éstos siempre acompañados de su respectivo cuestionamiento; inicialmente fue de esas tristezas que físicamente duelen: no entendía por qué yo teniendo una vida tan plena, tan completa para mis gustos, ese pobre anciano no la tenía, acaso ¿qué fue lo que hizo en el pasado para que el karma lo castigara de esa forma? Entonces empecé a odiar mi felicidad, pues no era justo que yo fuera tan feliz y él triste, que yo viviera en una casa bonita y él ni siquiera tuviera un hogar; quizás era desplazado, no era justo que yo no fuera víctima y él sí, no era justo que yo no hubiese tenido que pasar nunca por la desgracia de que un infame asesino con el pretexto asqueroso de la “revolución”, matara a un integrante de mi familia, lo desapareciera, lo reclutara, lo violara o que simplemente sin una razón me despojara de mi casa, obligándome a irme sin nada a empezar de nuevo mi vida, esto sin saber cuál era la historia de ese hombre, una de las 7’438.023 millones de historias igual de horrendas que hay por contar en Colombia.

Luego del odio y la tristeza, llegó la decepción y la impotencia ¡¿CÓMO PUDE SER TAN HORRIBLE PERSONA DE SALIR DEL DESPACHO?! ¿Por qué no me quedé ayudando al señor? Él necesitaba que yo le ayudara a redactar el incidente de desacato, yo sabía cómo hacerlo, él quizás no… quizás no había comido, podría haberle comprado algo y ahí me sentí aún más fatal, no hice nada por él. Me sentí como los funcionarios del juzgado, me sentí como la gran mayoría de habitantes de mi país, me sentí como los principales contribuyentes de que en Colombia se vulneren todos los días los Derechos Humanos, porque recuerden, acá no se reprocha sólo por la acción, sino también por la omisión y debería reprocharse la omisión de ayudar en una desgracia, al fin y al cabo estamos en un Estado Social de Derecho.


Ahora luego de sentirme tranquila porque me desahogué, me doy cuenta de algo muy importante: quizás en esos momentos fui una persona horrible y no hice nada, pero en ningún instante ese hombre fue invisible para mí, sentí su tristeza, su rechazo, me indigné y odié a cada una de las personas que le hicieron daño, incluyendo a los del juzgado… En Colombia las personas menos favorecidas son invisibles y se los demostraré de la siguiente forma: Hoy en el juzgado éramos siete los que estábamos en el recinto, seis de ellos miraron al anciano con desprecio o concentrados en su trabajo ni se dieron cuenta de su presencia; yo, a pesar de que estaba radicando documentos de mi trabajo, no dejé verlo y sentirme en sus zapatos, ninguno de nosotros le ayudó de verdad… No ignoremos lo que pasa a nuestro alrededor, la sociedad cada día nos hace más egoístas y no podemos ser egoístas con personas que nunca han tenido una oportunidad, ahora me siento feliz porque sé que NO soy uno de los 47 millones de robles que hay en Colombia, sino que soy una persona que se conmueve y que se compromete a que ahora en adelante no le va a temblar la mano para extenderla y ayudar. Me siento orgullosa de que muy pronto terminaré mi carrera profesional y que no lo veo como una opción de llenar mis cuentas de dinero porque el “Administrativo es lo que está dando” sino como una forma de ser cada día más cualificada para ayudar a los demás, Amo los Derechos Humanos y hoy hice el segundo pacto conmigo misma: Nunca las personas desdichadas serán invisibles para mí.

viernes, 27 de marzo de 2015

Los valientes de la guerra que no necesitamos.

Existe la dicotomía que identifica a la valentía como un elemento fundamental de la guerra, imaginamos a los combatientes dentro de un suceso beligerante como personas con un valor indiscutible; actitudes temerarias, radicales, astutas e inquebrantables; guerreros que no le temen a dar una orden que podría tener repercusiones en una fracción considerable de la población, personajes internacionales y nacionales como Hitler, Franklin Roosevelt, Francisco Franco, Napoleon Bonaparte, Simón Bolívar, Antonio Ricaurte y hasta el mismo Rambo, ejemplifican estos patrones con las características anteriormente señaladas.

Empero, después de nacer y crecer en un país con un conflicto armado constante, que no tiene nada que envidiarle a otros países que han corrido con la misma desdicha, he podido concluir que estamos todos equivocados y que la valentía es un pilar fundamental para la paz.

La paz requiere de la valentía suficiente para reconocer cada uno de nuestros errores, de entender y hacer entender que en la mayoría de los casos, esos errores son irremediables; la paz requiere del valor necesario para agachar la cabeza, reconocer la derrota y aceptar cada una de nuestras culpas, y de la misma forma intentar por todas las formas, resarcir cada uno de los daños que hicimos. La paz es tener la fuerza suficiente -e incompresible para muchos colombianos- de perdonar a nuestros victimarios, de perdonar a esa persona que acabó con nuestra razón para vivir, con nuestra familia, con nuestro hogar, que nos agredió sin una justa causa, sin una explicación o que simplemente hizo de nuestra vida, la muerte.

Solo las personas lo suficientemente valientes alcanzan la paz, esa paz que hoy todos los colombianos añoramos pero que nos da miedo aceptar, quizás porque simple y llanamente no tenemos el valor de perdonar o porque no conocemos otra forma de vivir, ya que llevamos más de cincuenta años en una guerra acostumbrada.

Mi mayor anhelo, es que todos los Colombianos tengamos la valentía de dejar atrás todos nuestros miedos, y empecemos a ver la paz no como un utópico imposible, sino como una obligación necesaria.

lunes, 26 de enero de 2015

Siendo Miss Universo.

Hace mucho tiempo que no movía las cosas por estos lados, pero es que siempre quiero escribir en los momentos menos probables de mi ocupada vida asalariada.

Ahora que estaba viendo un vídeo por Youtube, de las preguntas de las 5 semifinalistas de Miss Universo, se me ocurrió que antes de escuchar cada respuesta debía detener el vídeo y responder a mi juicio, cada una de las preguntas.

Éste fue el resultado:


ESTADOS UNIDOS:
Si tuvieras treinta segundos para dar un mensaje a los terroristas, ¿Que les dirías?

-Sería casi imposible que en treinta segundos pudiera hacer algo como eso, me tomaría un poco más de tiempo. A los largo de la historia, las religiones han sido los principales detonantes de las peores masacres vividas por el hombre y todo por no tener algo indispensable; la tolerancia, yo en estos momentos quisiera que esas personas miraran atrás y recordaran todo lo que tuvieron que sufrir sus líderes, como Jesus o Mahoma para ser lo que son hoy, pertenecer a una religión no es fácil, pero morir por ella, en pleno siglo veintiuno, es algo irrisorio y totalmente innecesario. 

Antes, podían matarte si no estabas  de acuerdo con la religión de un loco enfermo como Hitler, hoy lo máximo que pueden hacerte, es burlase de lo que crees por un periódico o revista, un papel, algo material que no tiene un significado. Tu Dios está en tu corazón, de ahí nada podrá sacarlo y sé que a él no le gusta lo que estás haciendo.


HOLANDA
¿Cuál es el cambio más grande que quisieras ver para las mujeres jóvenes de la siguiente generación?.

-Algo que de verdad me impresiona de las estadísticas mundiales, es la taza de adolescentes embarazadas, considero que es urgentemente indispensable, que los gobiernos implementen políticas más eficientes de educación sexual para las niñas, pues nosotras mismas estamos desestimando el inmenso poder que tenemos para hacer otras cosas como mujeres. Debemos hacer que las niñas de las nuevas generaciones dejen a un lado ese pensamiento de que vinieron al mundo solamente a ser esposas y mamás, debemos inculcarles que antes de eso deben ser mujeres, profesionales, luchadoras e independientes.


UCRANIA
Si pudieras remover la competencia de traje de baño del concurso ¿Lo harías? ¿Porqué si o porqué no?

-Definitivamente no, la esencia de éste concurso es admirar la belleza de las candidatas, es algo fundamental para ello y la mejor forma de lograr esto, es mostrando el cuerpo, para que de esta forma el jurado pueda valorarlo, si se quitara la competencia de traje de baño, sería un obstáculo para dicha valoración, cuando las candidatas desfilan en traje de baño, podemos ver su cuerpo libre, tal cual es.


JAMAICA
Una de cada tres mujeres experimenta la violencia en su vida, ¿qué podemos hacer para reducir ese número?

-Siempre he dicho que las personas tienden a precipitarse y agotan muy mal las etapas de su vida, y las mujeres no son la excepción, ser mujer requiere de un empoderamiento más del genero, pues para nadie es un secreto que hemos sido desestimadas durante nuestra permanencia en el mundo. Antes de querer ser esposas, madres de familia y adquirir ese tipo de responsabilidad, debemos ser simplemente mujeres, estudiar, aprender y llenarnos de sabiduría, pues esto nos permitirá saber elegir a quién amar y quién debe amarnos, tenemos que convencernos de la infinidad de cosas que podemos hacer, pero siempre de la forma correcta.


COLOMBIA
¿Qué pueden aprender las mujeres de los hombres?

-Considero que nada y si invertimos la pregunta, de la misma forma; nada. Somos géneros casi semejantes, sufrimos y vivimos casi de la misma forma, creo que no se trata de quién debe aprender de quién, pues no hay una diferencia abismal entre cada patrón. Quizás podríamos aprender y tomas ejemplo de los grandes personajes de la historia, independientemente del genero que los identifique.