Los seres humanos erramos demasiado, somos personas egoístas y principalmente cero empáticas, siempre estamos buscando desesperadamente encontrar esa compañía que nos haga felices y hay un pavor alrededor de la idea de quedarnos solos.
Muchas veces, cuando iniciamos
una relación sentimental nos aferramos precipitadamente a la idea de que esa
persona, que probablemente ni siquiera conocemos de fondo, puede ser el amor de
nuestras vidas, y no lo niego, imaginar eso cautiva a cualquiera; pero el
problema no es imaginarlo, el dilema está en aferrarnos a la idea de que así es
y después el tiempo nos demuestre lo contrario. Cuando eso sucede, las cosas se
tornan muy complejas, principalmente porque de cierta forma y sin darnos cuenta
hemos adquirido un compromiso que en muchas ocasiones nos da temor finiquitar, quizás
por no hacerle daño a la otra persona, pues evidentemente está más motivada, o
probablemente se tenga la idea irrevocable de que esa persona cambiará eso que
no nos gusta. Ese un gravísimo error que todos alguna vez hemos cometido, creer
que alguien puede cambiar eso que tú concibes como un problema, cuando
probablemente para la otra persona ni siquiera lo vea de esa forma.
Es ahí, en donde aparecen
el sin número de personas inestables y egoístas, es ahí en donde empezamos a
ver la típica chica o chico que viven amargados pues le exigen a su pareja una
exclusividad sexual que ésta jamás le proporcionará, de la mano encontramos a
la chica o el chico frustrados de estar al lado de una persona que por más que
se lo explique, jamás entenderá que compartir experiencias sexuales con
personas adversas, no quiere decir que no la ame y esté dispuesto a compartir
la vida con ésta. De igual forma, muchas veces vemos al típico chico o chica
inseguro de sí mismo, que traspasa radicalmente la barrera del respeto y cela
impulsivamente a su pareja; del otro lado podemos encontrar dos eventualidades,
la pareja sumisa que le permite estas conductas a su compañero, lo cual
desemboca en una despersonificación absoluta por parte de la persona; o peleas monumentales
ocasionadas por incumplimientos a promesas de dejar los celos a un lado y crear
una confianza que fortifique la relación. En esta instancia del noviazgo, ya la
idea de compartir el día a día con esa persona se vuelve tediosa, pues siempre
se buscará que esa persona sea como uno quiere que sea, seguido de reproches
interminables y decepciones constantes, ahora imaginen lo complicado que se tornan
las cosas cuando hay un compromiso realmente grande de por medio, como hijos,
patrimonio o grandes rangos de tiempo.
Erramos porque somos
irrespetuosos al creer que tenemos la potestad de cambiar a los demás, o de
reprocharle diariamente lo que para nosotros son defectos, erramos porque vemos
ese ideal de “llegar hasta viejos” en la persona equivocada, pero no queremos
aceptarlo, nos cuenta mucho aceptarlo, erramos porque odiamos la soledad, pero
sólo ella nos ayudará a conocernos, a conocer nuestras virtudes y aceptar
nuestros defectos, erramos al no liberar a esa persona llena de errores que
está a nuestro lado, errores que para otros podrían ser virtudes.
Usted podría ser la
persona egoísta, o el chico despersonificado, o el celoso compulsivo, o la
novia loca, o el engañado, el reprimido o el reprochado, podría también ser esa
persona que acaba de salir de una relación, a usted puedo decirle que disfrute
del silencio, de la soledad de la vida, disfrute de usted, de lo maravilloso
que es, no le de miedo vociferar sus defectos, viva con ellos y no permita que
cualquier desconocido le diga que usted tiene que ser de otra forma.