Todos mis días es lo mismo, lleno de presiones, siempre, la misma rutina, correr, obligaciones, trabajos, desestabilización, me pregunto si toda mi vida será así, lleno de todo lo que no quiero ser, pero que debo hacer.
¿Pero qué se le puede pedir de una puta rebelde y cobarde como yo?
Una pobre hija de puta que cuando se toma tres cervezas quiere ser otra, sobria o ebria quiere ser otra (más ebria). Tengo que decirlo, el trabajo me consume, todos los días. Y sí, debería ser agradecida con lo que tengo y lo soy, pero eso no quiere decir que no llore una vez al mes cuando la gota rebosa la copa.
Es contradictorio, porque algo me dice que ésta es la mejor etapa de mi vida, pero la desolación llega y me hace sentir como un espermatozoide que no alcanzará el útero NUNCA.
Siempre, la misma retórica de siempre, "paciencia" se ha convertido en mi tercer nombre.
Pero más que rebelde, soy una cobarde, porque me da miedo sentir que voy a la deriva y mi alma quiere hacerlo, pero mi alma está condicionada por la memoria, la memoria que todo lo asegura, que no deja un cabo suelto, pero entonces mi alma refuta: ¿Cuántos de los que hoy son grandes se dejaron llevar por la memoria?
Memoria puta.