No es que mentir esté dentro de
las actuaciones que van en contra de mi moral y mis buenas costumbres, es más;
no podría ser tan mojigata.
Soy una persona muy sistematizada,
pues considero que mi mente es una computadora que guarda, procesa y elimina
información y “mentir” nunca fue guardado en mi disco duro.
Decir siempre la verdad puede
llegar a ser una gran ventaja, pues la gente confía más fácil en ti, ya que
saben que eres un buen confidente y sabes guardar secretos. Además, diciendo
siempre la verdad adquieres otros valores importantes como la sinceridad,
honestidad, humildad, en fin.
Pero también puede llegar a tener
sus desventajas, más si vives en este planeta…
La humanidad se acostumbró a
mentir, es básicamente eso, hace parte de la costumbre diaria del ser humano. Entonces, si vives en un mundo en
donde todos están acostumbrados a mentir, la carencia de esta habilidad-defecto
puede acarrearte problemas a ti y a los que te rodean, ya que corres el peligro
de desmentir “verdades” de otras personas sin siquiera saberlo.
Es en ese paradigma en el que me
encuentro sumida últimamente, pues no logro acostumbrarme
a mentir, o por lo menos no en primera instancia y con “primera instancia” me
refiero a que nunca, por ningún motivo puedo decir una mentira improvisada o
con inmediatez, ya que todo termina peor a que si hubiese dicho la verdad desde
un principio.
Es decir, si quiero o debo decir una mentira, antes tengo que
realizar un estudio preliminar, en donde debo ponderar varios aspectos; como
por ejemplo:
- Relevancia
- Necesidad
- Lesividad
RELEVANCIA: Este aspecto hace
referencia a el porqué de la mentira, a quien voy a beneficiar con ella, qué cambió
radicalmente positivo haré proporcionándola.
NECESIDAD: Este postulado lo
explicaré con el siguiente cuestionamiento: ¿Qué tan necesario puede ser el
cambio de un hecho o una afirmación para que yo ose decir algo que no es total
o parcialmente cierto?
LESIVIDAD: Y en este aspecto soy
más que radical. Si con esa mentira yo puedo llegar a causarle una lesión moral,
física o psicológica a una persona, por nada en el mundo, ni siquiera alguien podría
persuadirme para decir una mentira.
Y ya después de esa ponderación,
mi mente puede abrir paso para materializar la mentira, debo expresar que ya en
ese hecho soy bastante favorable.
En conclusión, soy buena diciendo
mentiras, como todo el mundo, pero con la gran diferencia que desde muy chica no
adapté mi mente para hacerlo, es por eso
que en primera instancia siempre diré la verdad, ya que mi mente solo está programada
para eso, pero puedo hacer una excepción por petición explícita o implícita de
los demás pues no miento por mi costumbre
si no por la costumbre de los demás, eso sí siempre y cuando realice el estudio
preliminar.
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